Testimonios

Cada persona vive y siente las regresiones en forma personal y ninguna sesión resulta igual a otra. No obstante, como breve referencia o acercamiento a experiencias reales, brindamos el testimonio de algunos pacientes que han accedido a ello. A fin de resguardar su intimidad, sólo aparecen las iniciales de sus nombres y el motivo de consulta.

 

M. R., mujer, 29 años. Acude a consulta por obesidad. 
Quiero contar una experiencia inexplicable para mí. Acudí a terapia regresiva por un problema de obesidad que hace años me tiene a mal traer, pues siempre fallo con las dietas y tengo la sensación de que “algo” me obliga a comer compulsivamente. 
Me costó un poco relajarme porque estaba muy nerviosa, pero no se bien en que momento, ya estaba en un lugar totalmente desconocido. Pude ver mis manos muy delgadas y de inmediato sentí muchísimo hambre y sed. Miré alrededor y allí había personas tendidas frente a casas de piedra, vestidos ricamente con túnicas blancas, en medio de un festín. 
Yo me sentí sin fuerzas, pero observé una charca y me asomé para beber y allí vi mi rostro: ¡Era un hombre!. Estaba extremadamente delgado, vestido con harapos y en la cabeza tenía como una especie de sombrero muy raro, que parecían anillos pegados, de diferentes tamaños. Me miré los pies y eran casi cadavéricos. Quise gritar pidiendo comida, que me ayuden, pero la voz era tan débil que no me escuchaban. En ese momento sentí una sensación que no puedo describir y supe que me estaba muriendo. ¡En ese mismo instante comprendí que ese era el motivo de mi necesidad compulsiva de comer!. 
Me siento reconciliada con ese aspecto de mí y he logrado controlar el hambre y la ansiedad. Llevo realizadas 14 sesiones de terapia y he bajado ocho kilos.

 

V. T., varón, 25 años. Solicita terapia porque se considera depresivo. 
Creo que no tengo motivos reales para estar triste, pero lo cierto es que nada me satisfacía; mi vida era pura tristeza. Siempre me había sentido así. Me enteré de las regresiones por un amigo al que le fue muy bien y que logró superar su timidez. Luego de la primera sesión, debo reconocer que me sentí desconcertado, porque reviví una situación infantil de la que ni tenía recuerdos. A la cuarta o quinta, ya comencé a sentirme más animado y reconocí el origen de mi tristeza en un abuso que sufrí de pequeño. Sigo en tratamiento y realmente pienso que esta vez lograré superar mi problema, pues veo la vida con otro color.

 

J. H., mujer de 30 años. Su problema es afectivo. 
Me he pasado la vida de pareja en pareja. Siempre sucede lo mismo: todo va genial al principio, pero poco a poco y sin entender por qué, la relación se deteriora y termina fatal. Siempre me dejan. Estuve en tratamiento un tiempo con Terapia Psicológica, sin que me convenzan los resultados y por eso decidí probar con alguna terapia alternativa y leí en Internet sobre las regresiones. Pude comprobar que mis parejas me dejan pero porque “yo las echo”. Descubrí un gran resentimiento para con los hombres y cuando lo resolví, cambió mi actitud, porque al revivir rupturas anteriores pude ver que les hacía la vida imposible sin darme cuenta. Hice regresiones a vidas pasadas y a la panza de mi madre y fueron experiencias increíbles, muy fuertes. Estoy conforme de cómo va mi terapia y la relación con mi novio actual ha mejorado.

 

A. L. D. varón, de 34 años. Lleva casi diez años enganchado a la cocaína. 
Durante la adolescencia estuve fumando porros controladamente, pero luego necesité pasar a otras cosas. Probé de todo; finalmente me hice adicto a la coca. Mis padres ya no sabían que hacer. Me echaron de casa. Como tengo un trabajo que me deja buen dinero, seguí tomando y tomando. Llegué a consumir a diario y sin control. En una ocasión tuvieron que internarme. Allí alguien me habló de las regresiones y decidí probar, aunque la verdad es que no sabía ni de que iban. Lo primero que me exigió Carlos antes de empezar, es que estuviese verdaderamente decidido a asumir el trabajo terapéutico que significa superar las drogas, y luego, alejarme de la gente que frecuentaba. Eso es lo que más me costó, pero pude hacerlo paulatinamente. Lo asombroso para mí fue descubrir que mis deseos de tomar eran por un “agujero en el corazón”, por falta de amor y una profunda necesidad de que me quieran y poder querer. Llevo cuatro meses de terapia y voy muy bien. He dejado de consumir y aunque al principio el “mono” era fuerte, actualmente casi ni me acuerdo de la “amante fatal” como llama Carlos a la coca. Estoy seguro que la dejaré definitivamente.

 

P.M, mujer, 43 años. Sufre Síndrome de Fatiga Crónica. 
Esta es la aventura más inimaginable que ha sucedido en mi vida. ¡Aún tengo los pelos como escarpias! Para ti lo que me ocurrió debe ser habitual, pero yo estoy francamente impresionada. 
Gracias Carlos por haber sido mi guía en esta primera experiencia regresiva a una vida anterior.

Este es mi testimonio: en mi regresión supe de inmediato que era una escritora; me sentí desprejuiciada y supe que iba a contracorriente con las costumbres de mi época. Reviví muchos pasajes de esta existencia y al llegar el momento de la muerte, comprendí que había sido vanidosa en mi juventud. Esto me sorprendió mucho, pues no soy así. Hasta aquí aspectos de la sesión.

De regreso a mi casa, tuve tiempo para meditar sobre esta maravilla vivida. Deseaba saber el apellido de la escritora francesa que supuestamente fui en mi vida anterior, para intentar localizar su biografía a través de Internet. Me resonaba el apellido Vaumont, Dumont, Valmont, o algo así. La autora que he encontrado se llama Jeanne Marie Leprince de Beaumont, que fonéticamente se asemeja a Vaumont. No me preguntes cómo he llegado hasta ella, porque no tenía su verdadero nombre (Jeanne Marie). Cuando durante la regresión me preguntaste acerca de si tenía presente qué obra había escrito, te dije,”Belle”, por lo que luego supuse se trataba de “Belle de Jour”. Pero descubrí que la obra más famosa de Beaumont es “La Belle et la Bete”, o sea, “La Bella y la Bestia”. Fue llevada al cine y es una película dirigida a un público infantil pero que a mí siempre me ha encantado. De hecho tengo el video en casa y lo he visto muchas veces. También he relacionado esta anterior existencia con mi afición a escribir. Hará unos 10 años me preparé para obtener el Título Superior de la Escuela Oficial de Idiomas en Francés. Acudí a un profesor particular nativo y en un año saqué los cinco niveles, lo cual no tiene ningún mérito teniendo en cuenta que el francés es mi idioma natal. Sin embargo, sí que es cierto que todos mis estudios los realicé siempre en castellano, por lo que la lengua francesa escrita era ajena a mí y la estudié como segundo idioma. Pero hubo un hecho que llamó la atención del profesor: en mis redacciones empleaba frases o giros que yo jamás había leído y que daban un aspecto literario a mis redacciones.

Otra cosa he podido relacionar ahora: Beaumont vivió en Annecy, una pequeña ciudad francesa que yo conocí hará unos 4 años acompañando a mi marido en un viaje que tuvo que hacer y recuerdo que me pareció el lugar más bonito de la tierra. 
Pero hay un dato aún más sorprendente: la foto que he sacado de esta mujer en Internet me ha impresionado, porque en la regresión la vi morir así, con un traje y un gorro como el que lleva; las ropas eran exactamente esas. 
¡Aún no salgo de mi asombro!